por qué nuestra obsesión por acumular papel higiénico

Desde el primer momento que se mencionó la palabra cuarentena y saber que debíamos quedarnos en casa, confinados obligatoriamente, el papel higiénico fue el primer producto que desapareció de las estanterías y aunque en tono burlesco, todos nos hemos preguntado por qué. 

Muchos han sido los memes, videos e imágenes en redes sociales con el papel higiénico como protagonista pero, ¿Cuál es la razón de esta actitud obsesiva-compulsiva por el papel de baño?

El profesor de psicología en el Smith College, Randy O Frost, lleva años escribiendo sobre el fenómeno de acaparamiento. Su visión es que las personas acaparadoras están motivadas por tres principales factores: apego emocional o sentimental  apreciación estética y utilidad. 

Pero, ¿Qué pasa en el caso de los acaparadores de papel higiénico?, Frost afirma que solo entra en juego la tercera motivación y explica:

Una de las características subyacentes de la utilidad es una intolerancia a la incertidumbre. El individuo necesita sentirse absolutamente seguro de que no llegará ningún tipo de resultado negativo.

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La visión freudiana

Andrea Greenman, Presidente de la Sociedad Freudiana Contemporánea afirma lo siguiente:

Controlar la limpieza de su alrededor es la forma más temprana en que el niño afirma el control. El hecho de que ahora todos estamos presumiblemente perdiendo el control crea un empuje regresivo a nuestra edad temprana. 

Es probable que eso se traduzca en el inconsciente en el pensamiento de «si tengo suministro de papel higiénico para toda la vida, nunca volveré a estar fuera de control, nunca más seré un niño indefenso y sucio».

Sigmund Feud creía que los individuos equiparamos inconscientemente las heces con el dinero o el oro. En su obra “Sobre las transformaciones de instinto como se ejemplifica en el erotismo anal”, escribió:

Dado que sus heces son su primer regalo, el niño transfiere fácilmente su interés de esa sustancia al nuevo que él encuentra como el regalo más valioso en la vida.

El punto de inflexión en la llamada fase anal de un niño es cuando aprende a renunciar a su «don», que, a su vez, ocasiona una pérdida de sí mismo.

El papel higiénico por tanto, está inextricablemente ligado a nuestra mente con el proceso de defecación y es uno de nuestros pocos reconocimientos públicos de ello. Es muy probable que este argumento haya sido el factor que explique la acción de un café en Australia que tomó la iniciativa de aceptar papel higiénico como forma de pago (tres rollos por un café).

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¿La compra compulsiva de papel higiénico es entonces un acto principalmente egoísta? 

Susan Signe Morrison, la autora del libro «Excremento en la Baja Edad Media: Sagrada suciedad y fecopoética de Chaucer», defiende que: 

Está más bien relacionado con el cuidado de las personas enfermas. Relacionamos limpiar el trasero de alguien con cuidar a bebés o personas mayores que no pueden controlar su producción fecal.

Según Grant Jun Otsuki, profesor de antropología cultural en la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda), otra motivación externa para el aprovisionamiento desmedido de papel higiénico podría estar incluso relacionado con la política. 

Los lugares en los que vemos mencionar el papel higiénico a menudo están vinculados con la política, especialmente en las películas.  Y pone como ejemplo la película «V for Vendetta»: es cuando el personaje de Evey descubre una carta escrita en papel higiénico por alguien oprimido bajo el régimen totalitario cuando despierta políticamente.

En una reciente publicación de su blog, subtitulada «Un análisis cultural del papel higiénico», Otsuki revela una jerarquía de artículos de papel domésticos, desde libros y prensa actual, en la parte superior, hasta periódicos viejos, toallas y platos de papel, y por supuesto nuestro protagonista, el papel higiénico. 

Si bien podemos usar papel y bolígrafos elegantes para escribir las leyes básicas de una nación, estas palabras no tienen significado a menos que puedan escribirse en papel.

Las mentes humanas somos así de complejas… De cualquier forma, sea lo que sea lo que nos empuje a querer llenar nuestra casa de rollos de papel, pensemos también en los demás antes de acabar con las existencias.

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