Cambiemos para que el mundo cambie

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Esta semana fue viral un video sobre un suceso bastante lamentable que ocurrió en Bilbao, España. En el video se muestra como unos niños no dejaban jugar a un niño de raza negra, incluso y por si no basta con eso, también lo golpean en la cabeza. Cuando lo vi solo pensaba en cómo es que estas cosas siguen pasando en pleno siglo XXI. No solo por el hecho de ver el racismo en su máxima expresión, sino por qué se trataba de niños que no pasaban de los ocho años de edad y me pareció más increíble todavía que nadie se acercara a frenar la situación.

Muestras como estas no son las únicas que se han dado en la sociedad española. El estudio Los perfiles de la discriminación en España del CIS de 2014 indica que el 49,1 % En la encuesta Actitudes hacia la inmigración del CIS de 2015 encontramos que el 62 % de las personas preguntadas consideró que el número de inmigrantes que hay en España en la actualidad es elevado o excesivo. Asimismo, un 29,6 % consideró, en términos generales, la inmigración como negativa o muy negativa de las personas extranjeras señalan haber sido víctima de discriminación a lo largo de su vida.

Por supuesto, este problema no es único para España, incluso en la sociedad latinoamericana aun cuando es una mezcla de etnias, se siguen desarrollando los prejuicios y la discriminación. No solo hablo de racismo, la comunidad LGBT sufre discriminación en distintos niveles dependiendo del país. Las mujeres sufren de abuso sexual y doméstico, las tasas de femicidio en países como México o Argentina son exorbitantes.

Uno de los mayores retos a los que se enfrentan las sociedades actualmente  es a adaptarse a la multiculturalidad creciente que se expresa en un conjunto de diversidades presentes en las comunidades en las que vivimos. Buscar una convergencia entre tanta diversidad debe ser el punto focal para desarrollar mayor empatía y eliminar prejuicios y discriminaciones que desembocan en microrracismos que no son más que una mera adaptación a la modernidad del racismo que se vivió en décadas anteriores.

Somos muchos los que creemos que podemos hacer un mundo más habitable, mejor para todos. Cambiar la realidad no es fácil, pero creo firmemente en que son las pequeñas acciones las que suman y que generan un mayor impacto a medida que se suman voluntades. Es por ello que me di a la tarea de escribir este artículo en el que hago una lista de cosas que podemos comenzar a practicar desde ya. De ti depende mejorar tu entorno, dejar un mundo mejor a las futuras generaciones, pero sobretodo dejar huella y aportar tu grano de arena. Comencemos.

  • No olvides los buenos modalesSi bien he aprendido que en algunos países son más o menos receptivos a entablar una conversación con un extraño o simplemente son más cerrados y no acostumbrar a socializar en lo más mínimo. Decir “buenos días”, “gracias”, “permiso”, entre otras frases de este estilo, nos ayudará a crear algo de empatía. Quizá no te devuelvan el saludo, pero siéntete bien sabiendo que tu cumpliste con ser cortés.
  • Elimina los chistes despectivos o que hagan referencia a prejuicios o discriminación. No fomentes el odio. ¿Alguna vez has escuchado (o dicho), la palabra “sudaca”? así le dicen a los latinos en España. ¿O has bromeado con la palabra “maric…” expresándote a tu amigo o como insulto? Tener un amigo o familiar gay se ha vuelto algo común y estoy seguro que no te gustaría que los insultaran o discriminaran. No lo hagas tú tampoco. Por más broma que sea, ofendes al otro, como ya dije, No fomentes la discriminación. Basta de bromear o insultar con frases como “negro de m…”, “mulata”, entre otros. Tampoco es válido sentir pena, se trata de comprender y asumir que todos somos personas y podemos y debemos tener los mismos derechos y por supuesto, los mismos deberes.
  • Elimina las prejuicios por los fieles creyentes de una religión y lo mismo va para los fieles creyentes que a veces suelen intentan convertir a ateos y agnósticos en cristianos, evangélicos o cualquier otra rama religiosa. Permítele al otro creer en lo que más crea conveniente para sí. Respeta las creencias y no creencias.
  • Ten siempre presente la palabra “valores”. Desde niños nos enseñan sobre respeto, colaboración, solidaridad y con el tiempo se nos van olvidando. Ayudar a un invidente a cruzar la calle, a una abuelita a subirse al bus, no tratar mal a los niños que piden dinero o comida en las calles. ¿Te has puesto a pensar en que tú también tienes abuelos, hijos, sobrinos, primos y querrías que los trataran bien? No se trata de ser La Madre Teresa de Calcuta, pero sí de ponernos en los zapatos del otro y tratar como te gustaría ser tratado.
  • Fomenta el respeto, la inclusión y el amor en nuestros hijos. El bullying o acoso escolar no tiene por qué naturalizarse o ser visto como algo normal. Los niños suelen replicar conductas vistas en casa o por su círculo más cercano. Y así como piensas que el hijo de un narcotraficante probablemente siga el mismo camino cuando sea grande, lo mismo ocurre con los hijos de padres abusivos, controladores o irrespetuosos. En muchas ocasiones, el niño acosador solo expresa una situación familiar negativa y quien paga las consecuencias es un niño ajeno a esta situación. Evitemos este tipo de situaciones. Hagamos de nuestros hijos mejores personas de las que nosotros hemos sido.
  • Fomenta y adáptate a la interculturalidad. En un mundo en donde puedes conocer a alguien que vive en Rusia o Dinamarca y conversar con ella con la misma facilidad con la que hablas con alguien de tú país solo muestra que podemos abrirnos al mundo. No soy una persona fiel a los nacionalismos extremos, creo firmemente en la interculturalidad y la globalización. Date la oportunidad de creer y atreverte a explorar que tienes más cosas en común con una persona de Asia o Europa siento latinoamericano o africano te hará ver el mundo de otra manera y las posibilidades de que veas el mundo más grande de lo que pensabas que era, te podría sorprender. Busca las similitudes no las diferencias, ahí está la clave.

Este mundo puede parecer difícil, complicado y hasta caótico. Países en guerra, niños viviendo en las calles, personas muriendo de hambre, países con tasas altísimas de suicidio… hacer algo, ahí está la clave. Y si me preguntas ¿Qué es ese “algo”?  Te digo, puede ser cualquier cosa, en este artículo te di varias ideas. Cosas tan pequeñas como cruzar la calle cuando el semáforo está en rojo y no mientras pasan los carros, cruzar una autopista por el puente peatonal y no arriesgándote a que ocurra un accidente por llegar más rápido a tu destino. ¿Crees en el efecto dominó? Pues bien, pequeñas acciones pueden crear un efecto dominó de grandes cambios. Vale la pena practicarlo. ¿Me cuentas como te va?

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