El comportamiento humano en tiempos de coronavirus, según tres filósofos clásicos

En un momento en donde el mundo vivía en oscurantismo, los pensadores empezaron a cuestionarse por qué las personas se unen en sociedad. Si has leído El Náufrago o Robinson Crusoe, te habrás dado cuenta que la soledad puede ser un verdadero devorador y que por algún motivo, siempre buscamos la compañía de los demás. 

Lo qué está sucediendo hoy en el mundo, en los balcones de cientos de países es una prueba de que siempre necesitamos el trato con los nuestros. Pero también es cierto que los gestos egoístas, violentos y crueles pueden ver empañado ese lado humanitario que por momentos demostramos. 

La histeria colectiva, la desconfianza, los actos de violencia… todo esto lleva a una pregunta que se hicieron los filósofos contractualistas: ¿cómo es la naturaleza del ser humano? Esto es, ¿cómo es el ser humano puro, si no tuviera contacto con la sociedad?

El comportamiento humano en tiempos de coronavirus, según tres filósofos clásicos

El estado natural del ser humano

La filosofía contractualista busca determinar el momento exacto en el que los humanos nos juntamos en sociedad. Evidentemente fueron incapaces de determinar una fecha, por lo que pensaron a través de hipótesis, cómo era la vida antes de la sociedad tal y como la conocemos y cuál fue,o fueron, los motivos que nos han hecho unirnos en comunidad y que fuesen más allá de nuestra familia. 

Esto hizo que se plantearan preguntas interesantes: ¿cómo seríamos si no hubiese ley para limitar nuestros movimientos y policía para obligarnos? Es decir, en un mundo sin normas, ni trabajos, ni clases, ni conflictos, ni horarios, ni dinero, ni fronteras, ni nada de lo que tenemos hoy en día, ¿cómo nos comportaríamos?

El comportamiento humano en tiempos de coronavirus.

Un lugar frío y violento 

Thomas Hobbes fue un filósofo inglés del siglo XVII que, después de vivir los horrores de la guerra civil inglesa, escribió El Leviatán. A causa de todos los sufrimientos que contempló en esa época tan convulsa, su tesis principal era que el Estado tenía que ser absoluto y controlarlo todo. 

Por malo que fuese el gobierno, este siempre sería mejor que un mundo en el que el ser humano actuara con total libertad.

De hecho, escribió una de las frases más famosas de la filosofía: “el hombre es un lobo para el hombre”. Su concepción de la especie era totalmente negativa y pesimista. Veía a los seres humanos como animales violentos, destructivos y sádicos. 

Para Hobbes, la raíz de nuestra existencia es la misma maldad. Al no haber gobierno ni ley ni justicia, todo estaría permitido. Sin una represión o un castigo de por medio, nuestro verdadero instinto destructor saldría a la luz. Y nos comportaríamos como si estuviésemos en una perpetua guerra con el resto de humanos. Y lo haríamos por desconfianza o por puro sadismo. 

Libertad individual 

John Locke, otro filósofo inglés del siglo XVII, no llegó a plantearse una visión tan psicológica ni moral del ser humano. No entró a valorar si somos buenos o malos por naturaleza, pero sí que consideró que en nuestra forma primitiva teníamos algo por lo que era necesario luchar: la libertad

Cuando no hay sociedad, una persona puede hacer cualquier cosa, ir a donde quiera, no rendir cuentas ni explicaciones. No existen autoridades que fijen normas ni reglas a las que sea indispensable atender. 

Piensa en cuando eras pequeño y tus padres te dejaban solo en casa. De algo así hablaría Locke. Él trataba de combatir la Monarquía Absoluta de su tiempo y de instaurar una sociedad liberal, es decir: de burgueses propietarios. Por lo tanto, la imagen que tenía del hombre se amoldaba a la perfección a cómo creía él que tendría que ser la sociedad.

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El error es la sociedad

Jacques Rousseau, filósofo francés del siglo XVIII, fue uno de los intelectuales que motivaron la Revolución Francesa. Su visión es la única que aporta realmente algo de luz y esperanza sobre la especie, y que pone el foco de maldad no tanto en las personas, sino más bien en la estructura que las confina. Para él, el error es la sociedad, no el ser humano

Rousseau explica que el ser humano está orientado naturalmente para el bien, pues el hombre nace bueno y libre, pero la educación tradicional oprime y destruye esa naturaleza y la sociedad acaba por corromperlo.

Rousseau se apoyaba en la tesis del buen salvaje, según la cual el ser humano, en su estado natural, original y primitivo, es bueno y cándido, pero la vida social y cultural, con sus males y sus vicios, lo pervierten, llevándolo al desorden físico y moral. De ahí que considerase que el hombre en su estado primitivo fuese superior moralmente hablando al hombre civilizado.

Después de todo, en pleno estado de naturaleza, el ser humano se comportaría de una forma pura. No habría bienes que codiciar ni una industria que nos hiciese desear cosas ni pelearnos por conseguirlas. 

La cuestión sobre cómo seríamos sin sociedad siempre estará abierta. El mundo se puede ver de muchas maneras. Y, más aún, las personas tienen muchas formas de comportarse, algunas más cerca de la bondad y, otras, de la perversidad. Lo que es seguro es que escenarios como la cuarentena por el coronavirus sacan lo mejor y lo peor de nosotros. Y eso que no ha hecho más que empezar.

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