Grupo de venezolanos en el exterior protestando

El grave error que cometen muchos venezolanos al emigrar.

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Ser venezolano fuera de Venezuela es llevar nuestra esencia en el lugar en el que estemos. Pero, ¿Qué significa esto? ¿Qué significa ser venezolano?

Tener siempre una sonrisa de oreja a oreja sin importar la situación que vivimos. Sin importar la realidad crítica que atraviesa nuestro país. No somos indiferentes, pero sí está en nuestro ADN una potente alegría que se hace presente hasta en nuestros momentos más críticos.

Somos “chalequeadores” o somos bromistas a una forma particular que quizá no a mucha gente le agrada… y sí, incluso de una mala situación, podemos sacar una broma. No somos insensibles, somos absurdamente relajados.

El venezolanismo también implica no ser penosos (quizá no es mi caso), pero implica ponerte tu mejor pinta hasta para salir a vender refrescos en la autopista. El venezolano, es coqueto por naturaleza y nos tomamos en serio la imagen, no se alarmen por esto. También es parte de nuestro ADN.

Ya va, antes que piensen que solo quiero echarle flores a mi gente… quiero aclarar que no se trata de eso. De hecho, este post es más bien una  crítica al venezolanismo nefasto que está haciendo de las suyas en países como Perú, Ecuador y en su momento, Panamá.

Si bien es cierto, no es raro escuchar mientras voy por la calle: “venezolana hermosa”, “es venezolana”… también he escuchado (por suerte, no para mi): “venezolanas tenían que ser”, “malditos venezolanos”, “no le compren a los venezolanos”, entre otras cosas mucho más fuertes.

En la última semana, en Lima, la ciudad donde estoy actualmente, apresaron a un grupo de venezolanos en un reconocido centro comercial con armas largas y granadas, se dio a conocer que son miembros de la banda “el tren de Aragua” (supuestamente buscados en Venezuela),  son sicarios, extorsionadores, secuestradores… en Facebook, publicaban videos asesinando a sangre fría, uno de ellos declaró y afirmó ser miembro de esta banda. Este es un ejemplo de los muchos que existen. Es recurrente ver en televisión nacional, acusaciones en contra de venezolanos por violaciones, robos, secuestros…

En Perú, los venezolanos han venido a trabajar, es cierto, pero también han venido a hacer de las suyas. La xenofobia está invadiendo Perú, tanto como pasó en Panamá.  Se han realizado campañas por redes sociales para evitar que les dan trabajo a venezolanos, que le compren a venezolanos y hay quienes proponen no hablarle a los venezolanos.  Uno de los factores que incide en este resentimiento es la cantidad de beneficios que el Gobierno peruano ha otorgado a los ciudadanos venezolanos que vienen en condición de refugiados, beneficios que los mismos peruanos no ostentan.

Desgraciadamente, es muy fácil decir que la alternativa es cerrarles las puertas a los venezolanos como han hecho en Panamá, México o Chile, no es tan sencillo como parece. El éxodo de venezolanos no es un problema únicamente nuestro y creo que Perú, Colombia, Brasil y Ecuador lo están viviendo en carne propia. Por eso, ¿cómo se asume la crisis humanitaria en Venezuela?

Como ciudadana venezolana y con total responsabilidad lo digo, agradezco a los países que nos han abierto las puertas, con mención especial a aquellos Gobiernos que han puesto las mejores intenciones para apoyarnos y ayudarnos, ofreciéndonos incluso facilidades de acceso al mercado laboral o al sistema de salud. Sin embargo, no han filtrado a las personas que han ingresado al país lo que ha desencadenado que entren ciudadanos con antecedentes penales que siguen cometiendo delitos en estos países. De igual forma, no es un secreto que muchas mujeres salen de Venezuela con el único objetivo de prostituirse, lo que genera que todas las venezolanas sean catalogadas como fáciles, regaladas, entre otros calificativos.

La adaptación de los venezolanos en muchos de estos países, especialmente en los países latinoamericanos, no ha sido la más sensata. Desde su vestimenta, sus alternativas de trabajo hasta los actos violentos que han venido realizando han desencadenado un nivel de xenofobia que no permite que ni siquiera se les quiera dar trabajo o alquilar un departamento.

Como venezolana, estoy totalmente a favor que las autoridades creen mecanismos que les permita filtrar el ingreso de ciudadanos venezolanos a sus países. Se hacen un favor a sí mismos y nos hacen un favor a todos los venezolanos que salimos con el objetivo de mejorar nuestra calidad de vida y de ofrecer una mejor alternativa a los familiares que dejamos en Venezuela.

Hay una realidad y es que los países latinoamericanos, aunque con contrastes, tienen los mismos problemas.  Temas como pobreza, salud, educación, inflación, desempleo o corrupción son el día a día de la agenda pública, por lo que no se puede eximir un grado de responsabilidad en la intervención o no en la crisis que atraviesa Venezuela.

A los venezolanos que han emigrado, como ya saben, no les ha tocado fácil. Emigrar por necesidad es duro y enfrentarse al choque cultural que en ocasiones sentimos como una barrera imposible de superar (pero que por supuesto, superamos), no es sencillo. Y  se hace más duro cuando tenemos que lidiar con el desastre que muchos traen y que desencadena un odio y resentimiento generalizado.

A los venezolanos, solo les pido que por favor hagan lo humanamente posible para poner el nombre en alto de Venezuela de la mejor forma, esto incluye trabajar, emprender proyectos, dar a conocer nuestra comida, nuestra música… No solo se trata de ponerse una gorra, una chaqueta tricolor o la camiseta de la vinotinto, porque eso lejos de hacernos ver como que amamos nuestra tierra, nos hace parecer impositores de nuestra cultura en tierra ajena y hay maneras de hacernos sentir y de generar reconocimiento. 

Cómo dice la hermosa canción de Venezuela: “Llevo tu luz y tu aroma en mi piel”, llevemos el sentimiento por dentro  y la valentía por fuera para surgir y perseverar en tierras que no son nuestras pero que nos están ofreciendo los espacios para sentirnos como en casa. Practiquemos el ser buenos ciudadanos, fomentemos el respeto y aprendamos a descubrir nuevas culturas sin la necesidad de imponer la nuestra.

 

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