La Copa Mundial Femenina nos puede enseñar lecciones de capitalismo.

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Hoy en día, el mundo parece enfrentarse cada vez más a una terrible decisión: entre el anti comercio, el nacionalismo de mercado cerrado o la anti prosperidad, el socialismo dirigido por el gobierno. Al haber nacido en Venezuela, que durante una época recibió a millones de extranjeros que con el tiempo crearon negocios y empresas, por algo la llamaban «la sucursal del cielo», y vivir una de las peores crisis humanitarias de la historia, tengo la experiencia directa de dos de los peores sistemas sociales y económicos jamás infligidos a la civilización. Estoy aquí para analizar porque el capitalismo, a pesar de todas sus deficiencias, sigue siendo, con mucho, el mejor y más ético sistema aún diseñado para promover una sociedad más amable, más justa y mejor para todos.

Primero, reconozcamos las deficiencias del capitalismo, porque debemos hacerlo.

El capitalismo no tiene rival en la creación de riqueza, pero lucha por distribuir esa riqueza de manera equitativa. Eso no es tanto un fallo del sistema como de las personas que lo manejan, donde se pueden comprar y vender favores políticos. Cuando la política pública está a la venta, el extremismo político y el malestar social no se quedan atrás. (Dejando de lado, los sistemas comunistas y socialistas más notorios han presentado una extraordinaria desigualdad de ingresos, por lo que esta condición no es exclusiva del capitalismo).

Hacer negocios beneficia a los capitalistas y a la sociedad

Sabemos que el capitalismo es tan bueno como los capitalistas. La buena noticia es que tenemos pruebas de que hacer negocios de manera ética beneficia tanto a los capitalistas como a la sociedad. En las últimas cuatro décadas, ha quedado muy claro que aquellas compañías que se suscriben a la noción de interés propio ilustrado, al casarse con un compromiso a largo plazo con el compromiso de los interesados, son más exitosas financieramente y más beneficiosas para la sociedad. ¿Quieres algunos ejemplos? General Motors, Ford (o si quieres ser más Millennial, Tesla), Amazon, Apple o la marca de ropa, H&M. 

Debemos prestar atención al consejo de un famoso capitalista, Henry Paulson, ex director ejecutivo de Goldman Sachs y el secretario del Tesoro de EE. UU. «Nunca he sido antirregulación», dijo Paulson una vez. «Siempre he creído que el capitalismo crudo y no regulado no funciona».

Necesitamos una regulación fuerte, inteligente y efectiva para proteger a la sociedad de los excesos del sistema capitalista, porque existen.

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Fútbol y capitalismo 

Tal vez una analogía deportiva pueda ayudarnos a reflexionar sobre este tema, y ​​como la Copa Mundial Femenina está en marcha este mes, utilicemos el fútbol. El fútbol es un deporte altamente regulado, como los mejores, porque sus participantes se esfuerzan por lograr la imparcialidad. Cada equipo tiene el mismo número de jugadores, cada campo es de las mismas dimensiones y cada juego se juega bajo las mismas leyes. Pero la habilidad de los jugadores (piense en los participantes económicos) varía, la calidad de los campos (mercados del pensamiento) puede ser desigual, y la inconsistencia de los oficiales (regulación del pensamiento) puede ser enloquecedor.

Por todo eso, ¿alguien se libraría del fútbol (capitalismo elegantemente regulado)? ¿Sería el juego hermoso tan convincente si el talento se distribuyera uniformemente por la fuerza (comunismo), o si todos los campos se construyeran injustamente en favor del equipo local (nacionalismo)? Por supuesto no.

El capitalismo reconoce de manera única que el talento individual varía, y alienta el florecimiento de ese talento, por lo que estamos cautivados por la majestuosidad de los mejores jugadores. Pero el capitalismo, que abarca los beneficios de la regulación, se asegura de que cada equipo tenga una oportunidad justa en el juego y que el talento pueda buscar su nivel adecuado sin inmutarse. Nadie debe alentar o celebrar un juego en el que jugadores profesionales altamente capacitados acumulen una puntuación enorme en contra de aquellos con menos entrenamiento y talento. Eso está mal.

Lo que está creciendo en todo el mundo, comprensiblemente, es la sensación de que el juego simplemente ya no es justo. Parece que un lado con 14 jugadores, todos con el mejor equipo y entrenamiento, está compitiendo contra un lado de ocho con poco acceso al avance.

Conclusión

Lo que mi experiencia en  política me han enseñado: los seres humanos tienen fallas, lo que significa que todos los sistemas sociales son necesariamente defectuosos. Pero el capitalismo sigue siendo el mejor sistema diseñado para desatar el ingenio humano y asegurar el progreso espiritual, social y material. Estamos mejor reformando el capitalismo para volvernos más éticos en lugar de abandonar el sistema por completo.

En resumen, el capitalismo ha hecho más que cualquier otro sistema para reducir la pobreza, promover la libertad individual, fomentar la creatividad, reducir la tensión internacional y brindar oportunidades a personas de todos los orígenes. ¿Acordamos seguir jugando en este campo de juego?

 

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