Cartas de la editora

¿Qué pasó en EE.UU.?

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Las vimos todos, las imágenes de desorden y caos en el Congreso estadounidense: vidrios rotos, gases lacrimógenos, multitudes desatadas con indumentaria de camuflaje, saqueo. En todo el mundo hay episodios de tumulto legislativo y violencia. Esta vez se sentía distinto. ¿Lo era?

La escena de “una turba desbandada en la ciudadela de la democracia”, como la describió Peter Baker en esta estupenda crónica, era, más bien, una terrorífica postal del derrumbe del excepcionalismo estadounidense: “esto no es Estados Unidos”, dijo una congresista en la capital. ¿Qué estaba pasando?

Minutos antes de que irrumpieran en el Capitolio, el presidente Trump había arengado a la turba. Horas después, cuando les pidió que se marcharan, también les dijo a los extremistas que los amaba. Ayer se supo que ha coqueteado con la idea de otorgarse a sí mismo un indulto presidencial.

Durante años, observa Ezra Klein, los republicanos dijeron que a Trump había que tomarlo en serio, pero no al pie de la letra. Esta semana fue más que obvio que sus partidarios sí interpretan sus palabras de manera literal.

La madrugada del jueves, cuando los legisladores, ojerosos y enmascarados, al fin ratificaron la victoria de Joe Biden como presidente, el capellán del Congreso dijo en una plegaria: “Estas tragedias nos han recordado que las palabras importan y que el poder de la vida y la muerte reside en la lengua”.

¿Qué vocabulario usamos para describir y entender lo que pasó? ¿Golpe, insurrección, ataque? Encontrar las palabras adecuadas no es solo un ejercicio de reflexión e introspección. También puede ser la diferencia entre un acto revelador y uno de rebelión.

Qué pasó en EE.UU.: No fue un golpe, pero tampoco ha terminado.

Un golpe de Estado es un evento discreto, violento, que empieza y termina en poco tiempo. Pero, como discutieron expertos en violencia política esta semana en un debate, hay otras formas de dañar la democracia más persistentes y silenciosas:

Ha surgido un patrón claro en el que los líderes llegan al poder a través de elecciones pero luego socavan las normas, desmantelan las instituciones y cambian las leyes para retirar las restricciones a su poder. Al final, sus países son, excepto en nombre, dictaduras.

Los expertos dicen que las acciones recientes del presidente Trump y sus seguidores son más difíciles de detener que un golpe de Estado y ofrecen como ejemplo los retrocesos democráticos de países como Turquía y Venezuela.

Aunque las personas que irrumpieron en el edificio del Capitolio estaban en algunos casos armadas, no parecen ser parte de ningún ejército organizado o de un grupo rebelde. Y, a pesar de que el presidente Trump alentó a los insurrectos en su papel de líder de ese movimiento, no intentó que el ejército los apoyara o usar otros de sus poderes presidenciales formales para ayudarlos.

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Maira Pereira

Este artículo fue escrito por Maira Pereira, sociólogo, estratega política y corporativa y editora política. Escribe para medios digitales con enfoque millennial como Cultura Colectiva y Revista Young. Puedes seguirla en redes sociales como @mairapereiram o contactarla por e-mail a: maira.pereiram@gmail.com

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